Alamdar y Montezar tenían 13 y 12 años cuando fueron detenidos en Australia. Los niños sufrieron graves trastornos psicológicos como consecuencia de su reclusión.
«[He sido testigo] de un deterioro continuo del bienestar de los niños, especialmente en lo que respecta a su socialización y su estado psicológico». – Trabajador social de un centro de detención.
Los hermanos afganos Alamdar y Montezar tenían 13 y 12 años cuando fueron detenidos junto con su familia en el remoto centro de detención migratoria de Woomera, en Australia.
Una psicóloga que evaluó a Alamdar lo describió como «un niño de gran inteligencia y talento artístico superior», pero señaló que mostraba síntomas depresivos profundos, agravados por la desesperación que afectaba a su familia. Escribió que lo que Alamdar más necesitaba era «libertad y seguridad», cosas que eran imposibles dentro del sistema de detención.
Poco después, ambos niños comenzaron a autolesionarse, lo que demostraba el grave impacto emocional que tenía el confinamiento prolongado. Un trabajador social que apoyó a la familia durante el año siguiente informó de un continuo deterioro del bienestar y el desarrollo social de los niños. Alamdar se volvió introvertido y alternaba entre la tristeza y la ira, mostrando claros signos de angustia y trauma. Su hermano menor también luchaba contra la soledad y la desesperanza.
Su historia pone de relieve el profundo daño psicológico que la detención inflige a los niños y la urgente necesidad de libertad, seguridad y cuidados en lugar de confinamiento.










