Arif tenía 15 años cuando abandonó su país natal. Fue detenido durante su viaje y casi perdió la vida al intentar llegar a su destino en barco.


Art show 7 - Filippa Edghill

«Pasamos ocho horas en el barco antes de que empezara a tener problemas, y luego tres noches flotando en el barco mientras se hundía». – Arif

Arif tenía 15 años cuando abandonó su país natal solo a principios de 2011. Había pedido prestados 7000 dólares para pagar a los traficantes e intentó continuar hacia su destino en barco.

La travesía marítima era larga y peligrosa, y los viajes a menudo se intentaban en barcos abarrotados y en mal estado. A los siete días de viaje, el barco de Arif tuvo problemas. Un buque de carga que pasaba por allí rescató a los pasajeros y los entregó a la policía, que ignoró el hecho de que Arif era un niño que viajaba solo y lo trasladó a detención migratoria.

Arif pasó semanas detenido, confinado la mayor parte del día con adultos que no eran sus familiares. Cuando intentó escapar poco después de llegar, los guardias lo golpearon brutalmente delante de otros detenidos, entre los que había niños. Finalmente fue liberado tras sobornar a un funcionario con 400 dólares.

Más tarde ese mismo año, Arif intentó volver a emprender el viaje. Esta vez, su barco se hundió. Cientos de pasajeros se ahogaron y Arif sobrevivió por poco tras pasar tres días y tres noches a la deriva sin comida ni agua.

Tras ser rescatado, se alojó en un refugio gestionado por una ONG local para niños, niñas y adolescentes migrantes no acompañados. Aunque el ACNUR lo reconoció como refugiado, Arif afirmó que el Gobierno no lo reconocía como residente legal en el país. No podía trabajar ni asistir a la escuela y seguía sufriendo los efectos psicológicos de su viaje y su detención.