Daio se marchó de Burundi a los 17 años. Finalmente, fue detenido en Sudáfrica, junto con otras 5000 personas indocumentadas.


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«Lloraba todos los días. La policía solo me decía que me callara. Me dijeron que no querían extranjeros aquí y que debía volver a Burundi». – Daio

Daio es de Burundi. Perdió a sus padres cuando tenía seis años y su abuelo no tenía medios para pagarle los estudios.

Cuando tenía 17 años, viajó con un amigo a través de Tanzania y entró en Suazilandia, donde la policía los detuvo. Su amigo huyó cuando llegaron los agentes y Daio nunca volvió a verlo. Daio denunció que la policía le quitó su dinero, su teléfono y su ropa, y que luego lo retuvieron durante meses en una comisaría de Sudáfrica.

Desde allí, lo trasladaron a Lindela, un gran centro de detención migratoria que alberga a miles de personas sin documentos. Daio describió la hostilidad de la policía hacia él por no hablar inglés y fue testigo de actos violentos dentro del centro, incluidas peleas por la comida. Dijo que evitó sufrir más daños manteniéndose callado y confiando en otra persona detenida de Kenia, que le ayudó a satisfacer sus necesidades básicas, como recoger las comidas.

Pasó dos meses detenido antes de ser puesto en libertad. Daio dijo que todavía piensa en las personas que conoció allí y le preocupa lo que les haya podido pasar, incluido su amigo del viaje.