La vida de JP y su madre dio un vuelco cuando fueron detenidas años después de emigrar al Reino Unido.


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JP tenía 10 años cuando fue detenida en el Reino Unido. Había llegado de África con su madre a los cuatro años, tras huir de la violencia doméstica.

En el Reino Unido, JP prosperó. Era una estudiante brillante y popular, conocida por su capacidad y curiosidad. Pero años más tarde, sus vidas dieron un vuelco cuando los agentes de migración llevaron a cabo una redada al amanecer en su casa. JP y su madre fueron trasladadas al centro de detención de migración de Yarl’s Wood.

Durante su detención, JP fue testigo de actos de violencia contra su madre y otras detenidas. Se intentó deportarlas en dos ocasiones, pero se suspendió el proceso debido al extremo sufrimiento que estaba padeciendo JP.

JP fue puesta en libertad y se fue a vivir con un familiar, mientras que su madre volvió a ser detenida. Un psicoterapeuta evaluó a JP y determinó que padecía estrés postraumático, advirtiendo que otro periodo de detención podría causar un grave deterioro de su salud mental.

A pesar de ello, JP fue detenida de nuevo y, a los pocos días, intentó quitarse la vida. Posteriormente, se le diagnosticó depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático. Los expertos concluyeron que el trauma que había sufrido había afectado profundamente a su desarrollo y a su sentido de identidad.

El caso de JP pone de manifiesto el daño profundo y duradero que la detención migratoria inflige a los niños y el fracaso de los sistemas destinados a protegerlos.