A los 16 años, Yusuf huyó de la guerra en Darfur, Sudán. Fue detenido en un centro de detención migratoria en Malta.
«La guerra nos obliga a abandonar el país, a dejar a las personas de las que nunca querríamos separarnos en toda nuestra vida. Y ya hemos tenido que enfrentarnos a muchas cosas, cosas muy crueles, muy malas». – Yusuf
Yusuf tenía 16 años cuando huyó de su pueblo en Darfur, Sudán. Grupos armados habían atacado su comunidad, matando a muchas personas y destruyendo hogares. Durante el ataque, muchos miembros de su familia fueron agredidos y asesinados. Yusuf y los demás aldeanos enterraron a los muertos y huyeron.
Escapó con su madre y sus hermanas a un campo de refugiados al otro lado de la frontera, en Chad. Pero el campo no era seguro. Los grupos armados entraban por la noche, disparaban y secuestraban a la gente. Los guías que les ayudaron a llegar al campo les advirtieron de que los niños pequeños corrían un riesgo especial y les aconsejaron que se marcharan.
Yusuf abandonó el campamento con cuatro chicos de su aldea. Viajaron en coche durante varios días antes de separarse. Un comerciante de animales libio accedió a llevar a Yusuf a Trípoli a cambio de que le ayudara a cuidar de las ovejas durante el viaje, que duró dos semanas.
Desde allí, se subió a un pequeño barco con otras 11 personas, rumbo a Italia. El viaje se volvió rápidamente peligroso. Después de seis días en el mar, se quedaron sin comida, agua y combustible. Rodeados por la oscuridad y el mar abierto, Yusuf y los demás rezaron para que los rescataran.
Después de casi una semana a la deriva, un barco de la guardia costera finalmente los encontró. Tras sobrevivir a esta terrible experiencia, Yusuf fue trasladado a una detención migratoria en Malta.











